16 enero 2017

'La ciudad de las estrellas': cuando los sueños se hacen realidad

People love what other people are passionate about”. Esta maravillosa frase de La ciudad de las estrellas (La La Land, 2016) —que podría traducirse (sin el mismo efecto, como suele suceder con el doblaje) como “a la gente le encanta lo que apasiona a los demás”— resume a la perfección la esencia del tercer filme del jovencísimo Damien Chazelle, quien lo ideó nada más ofrecer Guy and Madeline on a Park Bench (2009) pero sólo encontró apoyos suficientes para producirlo tras triunfar internacionalmente con la impactante Whiplash (2014). Y es que, habiendo transcurrido más de medio siglo desde los tiempos de Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donen, 1952), ¿quién iba a apostar por tan arriesgado regreso al pasado? Por suerte, la deliciosa nostalgia que ha invadido la segunda década del siglo XXI no se ha limitado a galaxias lejanas (Rogue One, de Gareth Edward) y cuentos infantiles (El libro de la selva, de Jon Favreau), sino que ha ido poco a poco llegando a todos los ámbitos. Y el musical no ha sido la excepción.

En La ciudad de las estrellas, Emma Stone y Ryan
Gosling forman pareja cinematográfica por tercera vez
Antes de adentrarse a discutir La ciudad de las estrellas, conviene recordar que el declive del género musical en los años 60 fue fruto de un cúmulo de acontecimientos. De pronto, los centros comerciales, la televisión y la propia evolución del séptimo arte ofrecían a los ciudadanos estadounidenses (que, a fin de cuentas, siempre han sido los jueces de la cultura de masas) una oferta de entretenimiento mucho más amplia que terminó reduciendo la capacidad de las producciones musicales de recuperar sus exageradas inversiones. Quizá el realismo europeo no contagiara a Hollywood (que, de hecho, se embarcaría pronto en un viaje sin retorno colmado de efectos especiales), pero sí educó a los cada vez más modernos espectadores en un tipo de arte donde los repentinos cantos y bailes parecían invitar más al sonrojo que a la diversión. Todo esto coincidió con el ocaso del sistema de estudios, el cual, como todo sistema, tenía sus lacras pero resultaba innegablemente práctico a la hora de crear cine en serie de calidad. Y así fue como de la noche a la mañana el musical pasó de constituir el entretenimiento cinematográfico por excelencia a desaparecer prácticamente de las salas (a las que tan sólo llegaría ya de vez en cuando a modo de adaptación teatral). En el año 2001, el australiano Baz Luhrmann reavivó el género con Moulin Rouge, una obra posmoderna tan fascinante como infiel al espíritu clásico: relato escabroso, montaje trepidante y partitura a base de remixes frente a la sencillez narrativa, la apuesta por los planos secuencia y la música original de clásicos como Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951). Considerada para bien y para mal como “un videoclip de dos horas de duración”, Moulin Rouge no dejó a nadie indiferente (enamorando justamente a más de uno), pero por motivos obvios no atrajo especialmente a los amantes del género y, por consiguiente, tampoco sentó un nuevo comienzo para este.

10 enero 2017

Globos de Oro 2017 en 10 puntazos

La 74ª edición de los Globos de Oro se ha cerrado con el indiscutible triunfo de La ciudad de las estrellas (La La Land). Como ya está todo dicho sobre el palmarés, os dejo mi selección de los 10 puntazos de la ceremonia.

Aaron Taylor-Johnson rompe quinielas ganando
el Globo de Oro por Animales Nocturnos
10. El inesperado triunfo de Aaron Taylor-Johnson. En una entrega de premios tan previsible como esta, siempre es un placer que algún vencedor dé la campanada. Este fue el caso de  Aaron Taylor-Johnson, protagonista de la franquicia Kick-Ass, quien se llevo mejor interpretación masculina secundaria pese a que Mahershala Ali hubiera ganado antes casi todos los galardones de la temporada por Moonlight. Lo hizo por Animales nocturnos, cinta apartada de la categoría principal pese a que Tom Ford fuera nominado como mejor director y guionista, misma situación acontecida en los BAFTA que probablemente no se repita en los Oscars (donde las nominadas pueden ser más de cinco).

31 diciembre 2016

Las 100 mejores películas del 2016

La extraordinaria cosecha cinematográfica que ha llegado a la cartelera española a lo largo del 2016 vuelve especialmente ardua la elaboración de tops. Por consiguiente, no me ha quedado más remedio que quedarme con 100 títulos —todos ellos excelentes dentro de sus ámbitos— sin los cuales el año que nos deja habría sido mucho menos mágico. (A partir del puesto #30 argumento los motivos de las elecciones.)

Star Trek: Más allá (distribuidora: Paramount)
100. Noche real (A Royal Night Out, Julian Jarrold, Reino Unido, 2015). 99. Hello, My Name Is Doris (Michael Showalter, EE.UU., 2015). 98. Nahid (Ida Panahandeh, Irán, 2015). 97. Star Trek. Más allá (Star Trek Beyond, Justin Li, EE.UU., 2016). 96. Los siete magníficos (The Magnificent Seven, Antoine Fuqua, EE.UU., 2016). 95. Joy (David O. Russell, EE.UU., 2015). 94. ¡Canta! (Sing, Garth Jennings, EE.UU., 2016). 93. Nerve, un juego sin reglas (Nerve, Henry Joost y Ariel Schulman, EE.UU., 2016). 92. La reconquista (Jonás Trueba, España, 2016). 91. El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (Miss Peregrine's Home for Peculiar Children, Tim Burton, EE.UU., 2016).

23 diciembre 2016

'Rogue One': lo mejor de Star Wars desde 'El imperio contraataca'

Como el primer spin-off de la saga galáctica por excelencia, Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story, 2016) tenía una gran responsabilidad. A fin de cuentas, que la proliferación de películas planeadas por Disney al margen de la tercera trilogía fuera tomada en serio por la crítica y el público dependía plenamente de ella. Afortunadamente, el estudio líder del entretenimiento ha cuidado su gallina de los huevos de oro (tal y como viene haciendo sabiamente durante el último quinquenio en todos sus departamentos): Rogue One es todo lo que podíamos desear del primer film de la saga no centrado en la familia Skywalker (con perdón de determinadas aventuras boscosas protagonizadas por Ewoks a las que, por motivo obvios, nadie ha hecho nunca demasiado caso). De hecho, gracias al riesgo formal y narrativo asumido, ha superado la aceptación de El despertar de la Fuerza (J. J. Abrams, 2015), una cinta generalmente aclamada pero lastrada por su excesivas similitudes con La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977).

El regreso de Darth Vader no ha decepcionado
De hecho, pese a llevar la desprestigiada etiqueta de “spin-off”, Rogue One ha resultado ser mucho más necesaria e innovadora que su predecesora, a lo que ha ayudado contar con dos guionistas de primera: Chris Weitz —que optó al Óscar por Un niño grande (2002, dirigida junto a su hermano Paul) y ya hizo un gran trabajo para Disney en Cenicienta (2015)— y Tony Gilroy —candidato a sendos Oscars como guionista y realizador por su debut en la dirección, Michael Clayton (2007), y colaborador habitual de la saga del agente Jason Bourne—, quienes partieron de una idea de Gary Whitta (autor del guion de El libro de Eli, de Albert Hughes y Allen Hughes, 2010) y John Knoll (Supervisor General de Efectos Visuales de Industrial Light & Magic). Por su parte, el británico Gareth Edwards ha dirigido la mejor película de su carrera tras ofrecernos Monsters (2010) y Godzilla (2014), dos controvertidas aventuras que le permitieron experimentar en el resbaladizo terreno de la ciencia-ficción. Todos son seguidores de la saga, pero han sabido dejar de lado la mera fascinación para traspasar nuevos horizontes sin dejar por ello de satisfacer la nostalgia. Que John Williams haya dado paso al gran Michael Giacchino, habitual colaborador de Disney que optó al Óscar por Ratatouille (Brad Bird, 2007) y lo ganó por Up (Bob Peterson y Pete Docter, 2009), es otro ejemplo del deseo de apartar a la saga de su zona de confort (aunque la evocación de melodías clásicas no podía faltar).

15 diciembre 2016

Nominaciones a Premios Goya 2017: pocas sorpresas y todas malas

Como ya nos tiene acostumbrados, la Academia ha optado por el camino fácil y concentrado sus nominaciones en los títulos más populares del año, ignorando por completo trabajos de calidad comparable o superior que se habrían beneficiado más del empuje de estos premios. Qué le vamos a hacer. Procedo a comentar los nominados a los trigésimo primeros Premios Goya.

Julieta, de Pedro Almodóvar: 7 nominaciones
Mejor película

El hombre de las mil caras
Julieta
Que Dios nos perdone
Tarde para la ira
Un monstruo viene a verme

Previsible a más no poder, la Academia ha seleccionado para su categoría principal los cinco títulos que, aparte de figurar en todas las quinielas, contaban ya con la nominación correspondiente en la categoría de mejor película dramática de los Premios Feroz. Y es que, como siempre, la comedia —María (y los demás), El rey tuertoKiki: el amor se hace, La puerta abierta, La noche que mi madre mato a mi padre— ha sido dejada de lado, siendo curioso, eso sí, cómo se ha impuesto el thriller en todas sus vertientes (el sorprendente Tarde para la ira, el más convencional pero igualmente notable Que dios nos perdone y, finalmente, el aburridamente académico El hombre de las mil caras). El quinteto se ha completado con un drama fantástico de corte familia al más puro estilo Hollywood (Un monstruo viene a verme) y un producto nacional que ha triunfado más fuera de nuestras fronteras que dentro de las mismas (Julieta). Por primera vez en la historia de estos galardones, todas las candidatas cuentan con opciones prácticamente igualadas. Y, como suele suceder, el cine más arriesgado —La muerte de Luis XIV, La reconquista, La próxima piel, Sicixia— se ha quedado fuera.
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